De Franz a Kafka: de la intimidad a la literatura

Ensayo

Juan PIstone
26/08/2024

Hace tiempo que ya no se ha escrito nada. Con ello me pasa lo siguiente: Dios no quiere que yo escriba, pero yo tengo necesidad de hacerlo. Así se produce un constante tira y afloja, pero en definitiva Dios es el más fuerte, y hay en ello más desgracia de lo que puedas imaginarte. Hay en mi interior muchas fuerzas atadas a una estaca de la cual nazca quizás un verde árbol, mientras que liberadas podrían ser útiles a mí y al estado.

Pero con quejas no se desprende uno de ruedas de molino, y menos aún cuando uno les tiene cariño.

Fragmento de una carta a Oscar Pollak.

La lectura de Kafka es de lo más extraña. La travesía que nos propone tampoco se esclarece del todo en la lectura de sus comentadores. De hecho, éstos aportan a su obra más direcciones de las que podrían percibirse a simple vista, y se adhieren a Kafka, en muchos casos, con una brillantez que parece haber agotado las posibilidades del autor checo. De todas formas, lo particular de la experiencia de leer a Kafka es la asociación del sustrato de su obra con la intimidad de una experiencia contemporánea. Es decir, el encuentro con las obras de Kafka nos devuelve una y otra vez a un interrogante sobre la coyuntura en la que vivimos. 

Es posible que esta potencia, que lo ha llevado a ser uno de los autores más comentados del último siglo, radique en la conjunción que existe entre el registro de su diario y el resto de su obra escrita. Creo que la cualidad que se observa en Kafka, y que recuperan, a su modo, todos sus lectores, es el carácter que prolifera entre sus oraciones, aquello que Blanchot, de una manera que me gusta, traduce como la exigencia de la obra1. Esta idea despliega una vocación en tanto la literatura como conflicto interno del autor con su propia producción2; vocación que Kafka lleva hasta límites radicales, donde el repliegue a una profunda soledad coincide con una salida hacia la salvación personal: “No tengo tiempo. Hay movilización general. Karl y Pepa han sido llamados a filas. Ahora recibo la recompensa de estar solo. Con todo, casi no es una recompensa, pues estar solo comporta únicamente castigos. Aún así, toda esta miseria apenas me conmueve y estoy más decidido que nunca. Por las tardes tendré que ir a la fábrica, no viviré en casa, pues Elli se traslada con sus dos hijos a nuestra casa. A pesar de todo, escribiré, pase lo que pase, es mi lucha por la supervivencia”3.

Las coordenadas por las cuales Blanchot recupera esta exigencia del propio Kafka, se sitúan alrededor de los mandatos y requerimientos de las instituciones ante las cuales cualquier ciudadano se encuentra sometido. De éstos se menciona habitualmente la relación con su padre, aunque otras veces el vínculo con el matrimonio, la familia y el trabajo. Si nos acercamos a las indicaciones de su diario, la literatura lo ha llevado a adelgazar a la par de la tuberculosis que lo consume por dentro4. La fuga literaria del autor no puede comprenderse plenamente sin los avatares de su entorno, aquellos que caracterizan la exigencia como una persistente afirmación a no dejar de escribir, aun cuando tal exigencia deteriore su participación con otros en el mundo: “Tengo ahora, y tuve ya por la tarde, un gran deseo de sacar completamente de mí, mediante la escritura, todo ese estado de ansiedad en que me encuentro, y así como ese estado viene de las profundidades, hundirlo en las profundidades del papel o escribirlo de tal forma que pueda incorporar completamente a mí mismo lo escrito. No es un deseo artístico”5.

La inserción de lo interno de Kafka cuenta con un matiz particular que no permite que la creatividad se eleve por encima de una percepción singular de la realidad. Lo que ha sido concebido como absurdo y laberíntico, e incluso burocrático, también como pesadillesco, no parece ser menos que un tipo particular de absurdo en el que estas variables entran en juego. Este absurdo no es menos que realista cuando se examinan los elementos dispuestos en la ficción, en tanto que los elementos que Kafka elige para hacer jugar a la realidad son relaciones imposibles de ser definidas de forma unívoca. El Diario nos presenta el carácter realista de esta ambigüedad en su forma pura: la compleja relación de Kafka con el acto de escribir, la imposibilidad de hacerlo y la idea que quiere poner por escrito6, en tanto el autor encuentra en ella la posible vía hacia la redención7. De esta tracción entre las tres mociones, obtenemos su obra como la expresión de una posibilidad creadora fundada en el borde de una extrema dificultad.

En Kafka, la figura del extranjero se presenta en vínculo con el signo, el cuerpo y la comunidad, estableciendo así una relación difícil de tematizar. El absurdo en la obra resulta ser mucho más complejo que la construcción de un sinsentido, en todo caso, adopta la estructura de un absurdo con la posibilidad de un sentido, entramado en lo indefinido de los signos, en lo engañoso de la representación8. Una gran porción de los inicios de sus ficciones nos encuentra ante una situación ya envuelta en una extrañeza que se anticipa a lo que pueda comprender el lector y el personaje, desfasaje que intenta recomponerse a lo largo del desarrollo. El punto de partida es lo imprevisto de una coyuntura que omite los rasgos de un pasado que enlace cierta identidad, coyuntura que se sortea con una estrategia improvisada, ajustada a la contingencia de lo que en el relato se desenvuelve.

Este vínculo de los personajes de Kafka con una realidad material que sobreviene acuciante en la historia, ha derivado en lecturas que enfatizan los aprietos del sistema sobre el individuo que persiste caprichosamente9 en los intersticios, ideando líneas de fuga, sometido de manera desesperante, pero, aun así, un hombre insumiso. En este sentido, el autor piensa la espera como un camino fundamental, mientras que la impaciencia resulta un obstáculo dentro de este camino. El trabajo de Kafka sobre ambas cuestiones —la espera y la impaciencia— se presenta de forma alusiva en sus textos, mientras que un abordaje más directo se encuentra en Consideraciones acerca del pecado, compendio de notas que diseminan preocupaciones espirituales y observaciones donde el tema central es la relación sujeto-mundo. En escritos harto conocidos como El proceso, El Castillo o El artista del hambre se advierte que el juego de la espera y la impaciencia del desesperado permanecen a lo largo del relato. En Consideraciones nos acerca la siguiente reflexión: “La incitación a la lucha es uno de los medios de seducción más eficaces del mal”. En este, o en textos como Ante la Ley, la figura de la espera no otorga una resolución satisfactoria. De una forma u otra, el lugar y la forma de la lucha es aquello que se recupera en los comentaristas que tienen una lectura política coherente, de índole religiosa o militante, cuya consideración sobre el capitalismo se eleva a los rasgos más importantes en la obra de Kafka. La línea de estas teorizaciones lleva a intuir, dentro de la escritura del autor checo, un modelo de salida emancipatoria, o, al menos, para la posibilidad de un dispositivo de resistencia colectiva. Ahora bien, las tematizaciones a este respecto en los textos no es explícita, más bien se observan mecanismos y rasgos que, mediante sus comentadores, adoptaron una interpretación que se agrega a lo que el escrito contiene y que no proviene precisamente de este. La relación de Kafka con lo político cuenta con su bagaje, pero lo curioso es la preservación de un núcleo personal, preocupación que se erige ante los desmanes de su alrededor. Harto conocida es su entrada al diario al inicio de la Primera Guerra Mundial: “Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde, Escuela de Natación”10.

Lo que se recupera en términos de burocracia, en su funcionamiento laberíntico, como el sin salida al sometimiento, conservan, a la luz de otra posible interpretación, un estatuto impersonal que coincide con las notas de Kafka: “El mal puede dominar al hombre pero no hacerse hombre”. Lo que Kafka menciona como el mal aparece en Consideraciones, una y otra vez, como una característica propia de la realidad: “Las apariencias no son exactamente el mundo sensible, sino el mal en él comprendido que, no obstante, a nuestros ojos, lo constituye por entero”. El carácter impersonal y continuo de los mecanismos que se accionan sobre el personaje hasta el límite de la muerte y la incomprensión nos sugiere una perspectiva de lo que en Kafka se juega como preocupación literaria. La exigencia de la obra cobra un carácter de preservación personal en la que el autor, inadecuado y avasallado por las circunstancias de su contexto, retoma una salida creativa para presentar la figura de un individuo en un estado particular frente a un mundo con el que debe, quiera o no, vincularse y acomodarse constantemente: “Procura cooperar con el mundo en la lucha entre ti y el mundo”11. Lo impersonal en Kafka se constituye en un entramado sutil de dimensiones gruesas y pequeñas, imposibilitando la constitución de un diagnóstico definido sobre la realidad.

La lectura de Kafka es de lo más extraña. La percepción de que allí lo que se sugiere es el funcionamiento de un mecanismo vital, una impronta sumamente íntima, es lo que me lleva a pensar la potencia del autor por fuera de los aspectos crítico-literarios. Curiosamente, la intimidad en los textos de Kafka no se representa mediante la soledad o la actitud reflexiva, más bien aparece pervertida por una constante intromisión de otros. El espacio íntimo aparece como espacio público y la conciencia como una interlocución, haciendo que en Kafka aparezca de manera sucesiva algo otro que interfiere con la detención.

En este camino, la figura del extranjero12 tiene su lugar en la incertidumbre de un proceso cuyas condiciones no dispuso de antemano. El extranjero, por esta desacomodación primera, es quien interroga al signo de lo que está ante él, representado en la relación consigo mismo y en la relación con otros, lógica que asimismo lo interroga en el ida y vuelta de una pregunta abierta. La expresión del extranjero devela entonces la posibilidad y la configuración de su deseo, en la medida en que el asedio suscita la sumisión o la salida, y condiciona la forma que adoptará provisoriamente ese deseo. El individuo de Kafka se encuentra ya afectado, al punto de que las afecciones determinarán la cualidad y objeto de su extranjería. 

Si Kafka, para mí, representa una extranjería, he de leer su obra como una experiencia incierta.

  1. De Kafka a Kafka – Maurice Blanchot (1981). ↩︎
  2. Ejemplos de ello hay varios: “La dificultad de concluir un artículo, por pequeño que sea, no consiste en que, para finalizar, sintamos la necesidad de un ardor que su contenido real ha sido incapaz de producir por sí mismo sino más bien en el hecho de que hasta el artículo más pequeño exige de su autor una complacencia y un ensimismamiento desde los que cuesta mucho salir al aire del día común si no hay resolución enérgica y un acicate externo, de modo que uno, impulsado por la inquietudes, se escapa antes de dar el último toque al artículo y poder alejarse silenciosamente, y entonces hay que rematar la conclusión desde fuera, con unas manos que no solo tienen que trabajar, sino también sostenerse a sí mismas” – Entrada en diciembre de 1911.
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  3.  Entrada en julio de 1914.
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  4. “Puede reconocerse muy bien en mí una concentración orientada a la escritura. Cuando se hizo claro a mi organismo que el escribir era la dirección más productiva de mi naturaleza, todo tendío con apremio hacia allá y dejó vacías todas aquellas capacidades que se dirigían preferentemente hacia los gozos del sexo, la comida, la bebida, la relfexión filosófica, la música. Adelgaçe en todas esas direcciones. Era necesario que así fuese, pues mis fuerzas en su conjunto eran tan exiguas que solo reunidas podrían servir, mal que bien, a la finalidad de escribir.” – Entrada en enero de 1912.
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  5.  Entrada en diciembre de 1911.
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  6. Repetidas veces Kafka menciona en su Diario que no ha escrito, que no puede escribir o el tiempo que hace que no escribe. Escribir, sea como sea, adopta el primer plano y con ello las frustraciones propias de toda actividad dedicada.  De forma igualmente interesante, las dificultades que el autor encuentra sobre sus propias producciones e incluso sobre aquello que piensa en relación a lo que escribe, al punto de ser éstas vividas con tormento, parecen ser el sustrato de lo ambiguo:

    – “Este sentimiento de equivocación que tengo cuando escribo podría representarse con la imagen de alguien que estuviese frente a dos agujeros del suelo esperando una aparición que debe salir de la derecha. Pero precisamente ese permanece cubierto por una cerradura vagamente visible, mientras del izquierdo van saliendo, una tras otra, apariciones que intentan atraer hacia sí la mirada y acaban consiguiéndolo fácilmente gracias a su tamaño creciente que finalmente cubre el orificio correcto, por mucho que uno se oponga. Ahora bien, si uno no quiere abandonar ese lugar -y no quiere hacerlo a ningún precio-, ha de contentarse con esas apariciones que, sin embargo, no pueden satisfacerlo a causa de su fugacidad -su fuerza se consume en el mero hecho de aparecer-, y que, cuando se paralizan a causa de su debilidad, uno mismo dispersa hacia arriba y en todas las direcciones, solo para hacer que emerjan otras, porque la visión continuada de una resulta insoportable y porque queda también la esperanza de que, agotadas las apariciones falsas, salgan por fin las verdaderas.” – Entrada en diciembre de 1911.

    – “Lo que sí es seguro es que todo lo que se me ha ocurrido previamente, incluso con buenos propósitos, o bien sólo de manera incidental, pero con palabras explícitas, aparece en el escritorio, cuando trato de escribirlo, seco, erróneo, inmóvil, entorpecedor para todo lo que lo rodea, medroso, pero sobre todo incompleto, aunque no haya sido olvidado nada de la ocurrencia original (…)” – Entrada en noviembre de 1911.
    ↩︎
  7. ¡A partir de hoy he de llevar el diario sin interrupciones! ¡Escribir con regularidad! ¡No rendirme! Aunque no llegue la redención, quiero ser digno de ella en todo momento (…)” – Entrada en febrero de 1912.
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  8. La observación indirecta de Kafka a este respecto podemos encontrarla formulada, entre otros, de este modo: “Para todo aquello que va más allá del mundo de los sentidos, no podemos acudir al lenguaje más que en forma puramente alusiva, ni aun aproximadamente comparativa (…)”, como también se lo puede presentar de este modo: “Un desorden. Cómo en acecho, tímida, esperanzada, la respuesta explora la pregunta, busca desesperada en su rostros inaccesible, la sigue por los senderos más absurdos, es decir más alejados de la respuesta misma”. – Consideraciones acerca del pecado, el dolor, la esperanza y el camino verdadero, F. Kafka. 
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  9. Una acepción de la palabra exigencia proviene del término latín exigentia que, curiosamente, designa la cualidad de quien persiste caprichosamente. La exigencia de la obra, aludida a partir de la propuesta de Blanchot, adquiere a partir de aquí un matiz particular que se adecúa a la obsesión por la literatura de Kafka.
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  10.  Entrada en agosto de 1914.
    ↩︎
  11. Las tres citas previas corresponden a Consideraciones acerca del pecado, el dolor, la esperanza y el camino verdadero.
    ↩︎
  12. El lugar del extranjero como figura en la  obra de Kafka requiere de un análisis en sí mismo, por fuera de este texto. En el extranjero convergen, entre otras, las nociones de alteridad radical, extrañamiento, diferencia e identidad, acepciones que, a su manera, encuentran un lugar posible en la obra del autor checo.
    ↩︎

DESTINERRANCE: REVISTA DE ENSAYO

«La posibilidad que tiene un gesto de no llegar nunca a su destino es la condición de movimiento del deseo que, de otro modo, moriría de antemano.»