Del duelo o de cada vez única

Ensayo

Franco Laborde
05/06/23

Notas a Los llanos de Federico Falco

i

—No releeré un duelo imposible pese a que tenga aires de ser novela.

ii

La novela de Falco tiene como portada una foto que él mismo tomó: una pileta en el planeta tierra segundos antes de la inclemencia.

Con el libro a la vista la mañana se abre como una magnolia alrededor del centro que forman mis pocos subrayados y anotaciones al margen.

Edición de Anagrama, página 46, segunda línea:

«Yo el duelo ya lo hice antes, dijo después».

iii

Después de pasar la noche juntos, leímos, al desayuno, algunas páginas del libro. El color cian, tono hacia donde vira la paleta de la portada, destellaba entre las piernas descalzas. 

Semanas más tarde, la misma persona, a horas de irse a vivir a otra ciudad, pasó a despedirse. 

Algo que leí en el libro, o algo que comentaste sobre él aquella mañana, me impuso el mandato de hacerlo, me dijo después.

iv-a

Entre las lecturas de psicoanálisis, entre el encierro monasterial y las visitas de amigos, propongo a un Hamlet solícito para hallar la distancia justa entre la eteromanía y las poesías de Peri Rossi (el sustantivo escrito en plural: poesías: los poemas de enamoramiento pero también los poemas otros: ¿Cómo llamar a estos últimos? ¿Sobre el reverso del enamoramiento? ¿Sobre el reverso sublime de que lo bello se halle al borde del despeñadero?). 

iv-b

Recuerdo que otras y otras cosas solían ocupar tu tiempo. Ahora, en la distancia, quiero hablarte de la escritora Peri Rossi a quien otrora la atravesaba la cólera de Aquiles como a nadie y a ninguna. 

Por eso la poesía, porque la integridad física está asegurada, o acaso ya no importa. 

En su libro Todo lo que no te pude decir los personajes hacen drama por un mueble que sólo tiene sentido si lo usan juntos, al igual que sucede en la novela de Falco:

«…extráñame cuando cae la tarde y te sientes sola, temblorosa, extráñame en la cama, en el sofá donde nos gusta echarnos, mezclar las piernas…».

iv-c

Edición de Anagrama, página 46, primera y segunda línea:

«Ciro se quedó callado. En la penumbra no podía verle la cara.

Yo el duelo ya lo hice antes, dijo después».

Si yo mismo tuviera un duelo, si yo mismo fuera lo íntimo que es a la vez extraño, si yo mismo no fuera todos los meses de julio, sino uno, aquél, el que desprendió un trozo de mí como dice Allouch, si yo mismo fuera el invierno sombrío, a la penumbra que no me deja ver tu cara, Peri Rossi diría: 

«Todo [es decir, el mundo que conmovimos, y que ahora debo portar] lo que no te pude decir [por eso, quisiera que me leas, aquí está la novela de este escritor cordobés]».

v

Una mañana diferente, durante un verano, me enviaron un mensaje para decirme que la lectura de la novela había hecho que pensaran en mí. 

Ese verano estuve en compañía de la persona del mensaje dos o tres veces más antes de no volver a verla otra vez.

Nunca pudimos hablar del libro, o lo que es peor, tal vez lo hicimos, y no me quedó constancia de ello.

El silencio que siguió a la pérdida se quedó en la palabra llanos que suena a llanto, o quizás en el llanto, o al menos, para mí, en la imposibilidad de leer el título y no leer llanto.

vi

Lo llamativo de Los llanos es que el narrador, un escritor, nunca menciona o alude a la posibilidad de ser leído o de haber sido leído por quien fue su compañero.

vii

Los llanos de Federico Falco es el ejercicio de escritura de un narrador que consiste en atravesar la estepa o la llanura hasta amurallarse en el último baluarte previo al encuentro de la angustia.

Los llanos de Federico Falco muestra la búsqueda del narrador por aquellas lealtades infantiles que fueron olvidadas por una vida adulta ahora envalentonada por el desamor.

Los llanos de Federico Falco es la siguiente cita de Ernest Jünger «Un jardín proporciona más certidumbre que cualquier sistema filosófico.»

Al narrador de Los llanos de Federico Falco no se le dio ninguna palabra ni ningún sentido para que pudiera comenzar su duelo: en una situación así, dice la novela, hay que hacer un jardín.

viii

La novela me hace pensar en una hipótesis verosímil pero probablemente inválida. 

Lo que tiene de restrictivo el amor como dispositivo tiene que ver menos con la coerción discursiva e impersonal que con la inteligencia que le es propia a la experiencia sensible.

Dicho de otra manera: reto a cualquiera a que pueda encontrar una legalidad para explicar la diferencia entre el silencio y la penumbra de Ciro.

CONCLUSIÓN

i

La función del duelo frente a la inclemencia (como aquella que pronostica la foto de portada de Los llanos) está muy bien definida en una novela de Celia Paul: 

«Tengo una pesadilla aterradora, sueño con una ola inmensa. Lo despierto, me acaricia, me dice: “Esta es la patrulla antiolas”. Y me quedo dormida de nuevo, en paz.»

POSDATA

i

El duelo del poeta no es el del lector.

La literatura intercepta a la vida situando una pérdida que no deja de escribirse. 

En el contexto de una escritura, en la melé de las palabras, el duelo hace su coalescencia triste. 

Cualquier comparación entre poeta y lector que no tenga en cuenta esta suerte es, por lo dicho, incompasible y desleal.

DESTINERRANCE: REVISTA DE ENSAYO

«La posibilidad que tiene un gesto de no llegar nunca a su destino es la condición de movimiento del deseo que, de otro modo, moriría de antemano.»