La política cyborg: transformación liminal, no deconstrucción literaria*

Ensayo

Florencia Malik
09/04/23

«Prefiero ser un cyborg que una diosa»

Donna Haraway

Donna Haraway nació en 1944 en Denver, Colorado, Estados Unidos. Se formó en zoología, filosofía e historia de la ciencia. Se reconoce marxista y se diferencia de ese cuerpo teórico considerando la influencia social activa de todo lo no-humano, propone que lo no-humano no es ajeno a los órdenes de significación ni está excluido del comercio de signos.  

La categoría eminente del socialismo marxista es el trabajo. Es la actividad humanizadora del hombre. El trabajador, en el reconocimiento de su trabajo, puede dejar atrás la ilusión y elevar a la conciencia la subyugación y la dominación a la que está sujeto. Según Haraway, el feminismo de izquierda logra expandir esta categoría e incluir el trabajo del hogar y la maternidad: el trabajo de las mujeres. Mientras que el socialismo marxista o el feminismo socialista ubican a la estructura de clase como categoría fundamental para pensar al sujeto y las redes de poder, el feminismo radical ubica en ese lugar la estructura de sexo/género. La estructura de clase se ubica en segundo lugar, por lo que establece que la mujer no está simplemente alienada a su trabajo, sino que su propia constitución de sujeto está determinada por el deseo ajeno, la objetificación sexual define qué es ser mujer, por lo tanto su ontología constituye un no-ser, un no-sujeto. La mujer le debe su existencia a la apropiación sexual.  

En el manifiesto cyborg, escrito en 1983, Haraway describe la coyuntura de crisis de identidad política que atraviesa el feminismo y establece la necesidad de crear un  nosotrxs personal y colectivo, una identidad a partir de la autoconciencia que no afirme su acción sobre la identificación natural, sino sobre una coalición conciente. El feminismo  cyborg se cimentaría en una afinidad y un parentesco político que traería más dudas que certezas, y tendría la intención de derrocar el imperio de la identidad, este constructo que en su pretensión de unidad reduce la existencia a una historia inocente de tragedia imaginaria. 

La “nueva revolución industrial”, según Haraway, implica el surgimiento de una nueva clase trabajadora global en la que están contenidas la reproducción, la sexualidad, la cultura, el consumo y la producción. También llama a este fenómeno la “economía del trabajo en casa (fuera de casa)” (1), es la estructura organizativa del capitalismo global, y apunta a una reestructuración del trabajo a un trabajo feminizadx, es decir, marcado por las características que antes tenía el trabajo de las mujeres. Estar feminizadx es, devenir vulnerable, apto a ser desensambladx y reensambladx, explotadx, considerado un sirviente más que un trabajador. Las estrategias de precarización laboral se están reactualizando, afectando al trabajo que tradicionalmente se consideró trabajo calificado.  Hay dos factores que la autora detecta entrelazados: uno es el poder de las nuevas tecnologías de la información para integrar y controlar el trabajo, acompañado de la agonía en la que se encuentran las instituciones del estado. Esta situación ha llevado a procesos de privatización, militarización, resurgimientos de ideologías de derecha y programas políticos conservadores. Lxs más vulnerables, frente a esta informática de la dominación, se encuentran con redes de subsistencia destruidas, un vacío institucional que no sabe responder. Este es el efecto social que dejan a su paso las nuevas teconologías.

 Según la autora, hemos transicionado desde una sociedad orgánica e industrial hacia una sociedad de sistemas de información. La información se define como “el elemento cuantificable (unidad o unidad base) que permite la traducción universal y por lo tanto el poder instrumental sin estorbos (la comunicación efectiva)” (2020, p.37). Esta situación tiene algunas implicancias. Los nuevos instrumentos permiten implementar nuevos significados, dado que la ciencia y la tecnología constituyen una nueva fuente de poder frente a las que se requieren nuevas fuentes de análisis. El mundo se traduce a un problema de código, a través de una tecnología de la escritura, por lo tanto, resulta fundamental comprender que la organización material de la producción de la vida diaria también determina la organización simbólica y las posibilidades imaginativas.  

Dado que los problemas del mundo se traducen en códigos, la escritura es el acceso al poder de generar significados. Es decir, el significado de la escritura en la actualidad es uno de los temas de lucha política fundamentales. El objetivo del manifiesto cyborg es edificar colectivamente una teoría eficaz de la experiencia actual. El sueño feminista de un lenguaje común se ha vencido, como todos los sueños de un lenguaje perfectamente verdadero, o de una forma perfectamente fiel de escribir la experiencia. Para una política cyborg este es un sueño totalizador e imperialista (2). La búsqueda es la de un mito político cyborg, un mito de identidad política que puede tomar múltiples formas, que cuestione la informática de la dominación y encuentre otra forma de mirar y de hacer con la ciencia y la tecnología. 

Unx cyborg es una criatura viva y utópica y a su vez una máquina post-género. La autora lo califica como irónicx y perversx, contestatarix, monstruosx e ilegitimxs. Lxs cyborgs son lxs hijxs bastardxs del capitalismo patriarcal. Son quienes llevarán a la revolución. Lx cyborg es una especie de transhumanismo que recorre los territorios desolados del capitalismo tardío, los restos de lo que se mercantilizó como prosperidad, y crea una nueva realidad a su paso. Unx cyborg es una especie de héroe clandestino, aunque por su condición marginal sería un error categorial adjudicarle ese papel. “El mundo cyborg podría ser un mundo de realidades sociales y corporales vitales en el que las personas no reniegan de su parentesco con los animales y las máquinas, ni de sus identidades parciales ni de su contradicción” (2020, p.22). 

La política de lxs cyborgs es la lucha por el lenguaje, contra la comunicación perfecta, contra el código único, a favor de la inevitabilidad de la parcialidad. La escritura cyborg trata del poder de supervivencia. Lx cyborg quiere marcar el mundo así como el mundo marcó al cyborg. Lx cyborg prescinde o revierte el relato mítico de origen occidental unificador de la experiencia que está inserto en las “nuevas” tecnologías y es soporte del cristianismo. La política cyborg es esencialmente surreal: busca hacer parentescos extraños por una justicia multiespecie medioambiental, se regodea en las fusiones ilegítimas entre seres, máquinas y animales. Lx cyborg está emancipadx de las posiciones de privilegios, es la raza bastarda que detenta el poder en los márgenes. La trama del texto cyborg no tiene una lectura final privilegiada ni reconoce una historia de salvación. No existe la tierra prometida, el cielo o el infierno, la realización o la perdición. Tampoco se arraiga a la política de la identificación, sino que asume la responsabilidad de reconstruir los límites de la experiencia cotidiana en conexión parcial con otrxs, en comunicación con todas nuestrxs partes, tiene la tarea de armar una imaginería cyborg. Por lo tanto, es posible decir que lx cyborg es una ficción, un recurso imaginario, una ontología artificial, y es también el cuerpo monstruosx, la máquina-animal que actúa, que hace la revolución. 

Las formas de vida cyborg se gestan en este útero tecnocientífico, un nuevo orden mundial instituido por la unión entre el capital transnacional y la tecnociencia, que propician diversas prácticas articuladas de dominación (3). La tecnociencia, la fusión entre ciencia y tecnología, no es más que la historia de la globalización de la producción semiótico-material de algunas formas de vida sobre otras. La tecnociencia es una comedia, una parafernalia impulsada por la mercantilización de la experiencia. En este escenario posmoderno de la cultura tecnocientífica, Haraway tiene la intención de reconstruir un sentido común racional para delinear vías de acción en una conexión material-simbólico-psíquica con todo aquello que nos rodea, que exceda las diferencias entre tecnología y ciencia, humano y máquina, sujeto y objeto. 

En esta cultura visualmente saturada, lx cyborg se gesta disruptivamente como una figura. Irrumpe en el íntimo vínculo semiótico que sostienen el realismo figurativo y el discurso occidental cristiano para presentarse como un tropo común que produce imágenes perfomativas pasibles de ser habitadas. En la figura cyborg las posibilidades son infinitas.

Notas al pie
* La política cyborg requiere que se libre una guerra en los bordes de la identidad, donde no existe ser Uno, donde se rompa la ilusión. Requiere de un cuerpo que goce una vida real, más allá de la tregua imaginaria que propone el drama de la subjetividad individual (a lo que se cree que refiere con deconstrucción literaria).
(1) “La economía del trabajo en casa” es una propuesta conceptual de Richard Gordon que busca nombrar la aparición de una nueva clase trabajadora global, que surge del hecho simultáneo de hombres blancos sindicalizados vulnerables a la pérdida de sus empleos y mujeres como fuerza de trabajo en puestos a los que antes no tenían acceso, junto con un control del trabajo por parte de las nuevas tecnologías, que producen una descentralización de la fuerza de trabajo. Haraway aclara que es “fuera de casa” puesto que el título refiere a una feminización del trabajo y no a la locación.
(2) Incluso para la autora la dialéctica materialista es un lenguaje que espera resolver todas las contradicciones, y así establece una distancia con el marxismo.
(3) Para más información sobre este asunto, ir al libro TESTIGO_MODESTO@SEGUNDO_MILENIO. HOMBREHEMBRA©_CONOCE_ONCORATA® (1997).

DESTINERRANCE: REVISTA DE ENSAYO

«La posibilidad que tiene un gesto de no llegar nunca a su destino es la condición de movimiento del deseo que, de otro modo, moriría de antemano.»